Formación y Liderazgo

El futuro del talento en el lujo ¿Qué perfiles necesitará el sector en los próximos años?

El sector del lujo lleva décadas perfeccionando el arte de retener lo que tiene. Pero la pregunta que surge ahora es ¿Qué tipo de profesional necesitarán dentro de diez años? No se trata del perfil que hoy funciona, sino el que todavía no saben muy bien cómo formar, identificar ni contratar. Ese profesional ya existe y las organizaciones necesitan reconocerlo para afrontar el futuro con garantías de éxito.

Cuando las grandes casas de lujo hablan de talento suelen hacerlo mirando hacia dentro y pensando en cómo retener a sus mejores perfiles, cómo preservar el conocimiento artesanal que sus marcas han tardado décadas en construir, cómo transmitir una cultura organizativa que no se escribe en ningún manual de bienvenida. Sin duda es una conversación legítima, Pero en mi opinión es, también, una conversación sobre el pasado.

Porque la pregunta que pocas organizaciones del sector están haciéndose con suficiente seriedad es otra ¿Qué tipo de profesional va a necesitar el lujo dentro de diez años? No se trata del perfil que hoy funciona bien, sino el que el sector aún no sabe muy bien cómo formar, identificar ni retener. Porque ese profesional ya existe, en estado embrionario, en los márgenes de la industria, y las organizaciones que lo reconozcan antes tendrán una ventaja competitiva que no se puede comprar en ningún proceso de selección.

«El lujo no tiene un problema de talento. Tiene un problema de visión sobre qué tipo de talento necesita y por qué»

El final del especialista puro

Durante décadas, el lujo ha construido su excelencia sobre la maestría en un dominio singular. El maroquinero que domina una técnica de costura específica, el perfumista que desarrolla un lenguaje olfativo propio, el director comercial que conoce en profundidad un mercado, sus rituales de compra, y sus códigos de relación. Toda esta especialización era la base misma de la proposición de valor del sector del lujo. La maestría, en sus distintas expresiones, era lo que justificaba el precio, legitimaba la marca y sostenía toda la narrativa.

Y esa lógica no ha desaparecido, pero en mi opinión ya no es suficiente. Lo que la próxima década exige no es el fin de la especialización, sino su evolución hacia algo mucho más complejo. Me refiero a perfiles de frontera, profesionales que se muevan con fluidez en la intersección entre disciplinas que tradicionalmente han vivido en compartimentos estancos dentro de las organizaciones del lujo.

La tensión más evidente es la que existe ahora mismo entre los datos y la narrativa. El lujo ha resistido durante mucho tiempo la lógica cuantitativa de otras industrias por razones que no eran ni irracionales ni defensivas, y es que los números pueden capturar el comportamiento de compra de un cliente, pero no el significado que ese cliente atribuye a lo que compra. Sin embargo, la cantidad y calidad de datos disponibles hoy sobre el consumidor de lujo (sus patrones digitales, sus interacciones en tienda, su recorrido entre canales), ha alcanzado un nivel que ya no puede ignorarse sin un coste estratégico. El profesional que necesitará el sector no es el analítico que sabe leer un dashboard ni el creativo que sabe construir una historia, sino más bien es quien puede hacer ambas cosas sin que ninguna de las dos pierda o quede relegada.

La misma tensión aparece entre la herencia y la innovación tecnológica, entre el conocimiento de marca y la comprensión de los mercados emergentes, entre la profundidad cultural necesaria para gestionar una maison histórica y la agilidad cognitiva requerida para operar en contextos radicalmente distintos. Estos no son perfiles fáciles de encontrar porque no los forma ningún programa académico convencional. Se construyen en la experiencia, en la exposición deliberada a mundos diferentes, y en una voluntad expresa de no quedarse anclado en un solo territorio.

Los tres perfiles que el sector no tiene pero necesita con urgencia

Más allá de la abstracción, hay brechas de talento concretas y ya visibles en las organizaciones del lujo. Se trata de presiones que los equipos de dirección están experimentando ahora mismo, aunque no siempre las articulen en estos términos. Así que estos son los perfiles que en mi opinión tienen un gran futuro dentro de la industria del lujo:

El primero es el arquitecto de experiencia omnicanal con comprensión de marca. El lujo ha tardado en aceptar que el cliente no distingue entre canales, distintos años y millones de euros invertidos más tarde, la mayoría de las grandes casas siguen gestionando la boutique y el entorno digital como realidades paralelas con culturas internas diferentes. El perfil que el sector necesita no es el experto en e-commerce que entiende el lujo como restricción, ni el director de retail que trata lo digital como un complemento menor. Es más bien quien comprende que la experiencia es una sola, que la coherencia entre ambos mundos no es una aspiración estética sino una exigencia de carácter estratégico, y que su diseño requiere tanto rigor operativo como sensibilidad de marca. Este perfil es escasísimo porque exige haber habitado ambos mundos con suficiente profundidad para no sacrificar ninguno.

El segundo es el estratéga cultural de mercados emergentes. La expansión del lujo hacia África Subsahariana, hacia el Sudeste Asiático, hacia economías latinoamericanas en pleno proceso de reestructuración, plantea un problema que no resuelven ni los manuales de internacionalización ni los expertos en localización. El lujo, como ninguna otra industria, corre el riesgo de colonizar los mercados en los que entra, de imponer una narrativa de deseo y aspiración construida sobre códigos culturales ajenos que, en el mejor de los casos, resultan irrelevantes y, en el peor, ofensivos. El profesional que el sector necesita en estos territorios no es el director de expansión que conoce los indicadores macroeconómicos ni el especialista en cultura local que ha perdido el hilo de la marca. Es más bien quien puede leer un mercado emergente en sus propios términos, identificar las formas autóctonas de aspiración y distinción, y construir una propuesta de marca que no traicione ni al mercado ni a la identidad de la casa. Es un perfil que requiere tanto sofisticación estratégica como humildad cultural, y es, en estos momentos, casi imposible de contratar porque casi nadie lo está formando.

El tercero es el líder de equipos creativos que gestiona la tensión entre legado artesanal e innovación. Este perfil es quizá el más difícil de todos porque exige una doble lealtad que muy pocos saben sostener. Demasiados directivos en el lujo resuelven la tensión de una de estas dos maneras, es decir, o se convierten en custodios del pasado que frenan cualquier evolución que amenace la esencia, o abrazan la innovación con tanto entusiasmo que erosionan los fundamentos que hacen a la marca relevante. La cuestión, por tanto, no es cómo equilibrar legado e innovación (esa es la pregunta fácil), sino cómo construir organizaciones creativas donde ambas fuerzas se tensionen productivamente sin que ninguna destruya a la otra. Quien sabe hacer eso sin duda tiene una inteligencia organizativa excepcional, y el sector no está produciendo suficiente talento en ese ámbito.

«No es que el talento no exista. Es que el sector no sabe buscarlo porque no ha terminado de definir qué es exactamente lo que necesita»

Por qué el sector sigue formando para el pasado

La formación en el sector del lujo, tanto la que procede de escuelas de negocio especializadas como la que las propias organizaciones ofrecen internamente, sigue respondiendo fundamentalmente a una imagen del sector que se construyó en otro contexto. Los programas forman en historia de la moda, en gestión del retail de lujo, en comunicación de marca, en comportamiento del consumidor de alto poder adquisitivo. Todos esos contenidos son relevantes, no lo niego, ni lo discuto, pero ninguno de ellos prepara para las brechas que acabo de describir.

El problema de fondo es que la formación en lujo sigue siendo predominantemente descriptiva. Describe cómo funciona el sector, cómo se han gestionado las grandes casas históricamente, cómo se comunican las marcas que han construido legado. Lo que no hace, o hace de manera insuficiente, es desarrollar la capacidad de pensar en términos de tensión estratégica, de habitar la ambigüedad de los perfiles de frontera, de operar en un sector cuyas reglas están cambiando de forma no lineal.

Y esto no es solo un problema académico, porque las propias organizaciones son cómplices de esta inercia. La mayoría de los programas de desarrollo interno en las grandes casas de lujo funcionan como mecanismos de transmisión cultural ya que explican al nuevo empleado cómo es la empresa, cuáles son sus valores y por qué es diferente. Son, en el mejor de los casos, onboarding con cierto nivel. Pero no forman para el sector que viene porque las propias organizaciones no han terminado de definir con claridad qué es ese sector que viene.

Las empresas que romperán esa inercia no serán necesariamente las más grandes ni las que tienen mayor presupuesto de formación. Serán las que hagan la pregunta correcta, y la pregunta correcta no es ¿Qué habilidades necesitan nuestros equipos hoy?», sino ¿Qué tipo de comprensión del sector necesitan para operar con acierto dentro de diez años? Esa es una pregunta estratégica, y requiere un nivel de claridad sobre la identidad y la dirección de la marca que no todas las organizaciones están dispuestas a desarrollar.

La pregunta que cambia el juego

El futuro del talento en el lujo es un problema de visión. Las organizaciones que sigan contratando para cubrir puestos definidos con los criterios del presente estarán, dentro de una década, gestionando equipos competentes para un contexto que simplemente ya no existe.

Los directivos que construyen equipos tienen hoy una pregunta relevante sobre la mesa: ¿Estoy diseñando la estructura de talento para los próximos diez años o para los últimos cinco? Y no es una pregunta retórica, es más bien la diferencia entre una organización que llega al futuro con cierta ventaja y una que llega tarde, intentando contratar con urgencia perfiles que no supo ver venir.

Y para el profesional individual, la pregunta es igual de concreta: ¿Me estoy formando para el lujo que ya existe o para el que está emergiendo? Los perfiles que el sector necesitará no se construyen en un año, sino que se construyen en decisiones sostenidas de exposición, de aprendizaje deliberado, de voluntad de habitar territorios incómodos antes de que sean obligatorios. Quien empieza ese proceso ahora tiene una ventaja que no tiene precio. Porque en el lujo, como en todo lo que realmente importa, el tiempo es el único activo que no se puede comprar.

El talento del futuro no se contrata. Se construye. Y empieza a construirse hoy






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Juan Carlos Navarro

Juan Carlos Navarro es fundador de MarketinLife, consultora de marketing y desarrollo de negocio en el sector del lujo, y de Discernin, think tank de análisis y prospectiva de la industria. Con una dilatada carrera internacional, es reconocido por su visión estratégica sobre el futuro del lujo y por su capacidad de anticipar los movimientos que redefinen el sector. Es fundador y editor jefe de GenexiGente.

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