Con más de diecinueve años de experiencia en el sector inmobiliario de lujo, Patricia Berrocal ha construido su trayectoria desde una premisa poco habitual en un entorno dominado por la urgencia del resultado. Me refiero a la coherencia personal como eje central de la toma de decisiones de carácter empresarial. Al frente de ChicRoom Properties, una firma boutique especializada en la gestión integral de activos, inversión inmobiliaria y comercialización internacional, su enfoque no se apoya solo en la capacidad técnica o en el conocimiento del mercado que posee Patricia, sino que además se sustenta sobre una ética de trabajo donde la honestidad, la medida y el criterio pesan tanto como la propia rentabilidad. “He preferido perder una operación antes que forzar algo que no encajaba”, afirma, consciente de que las empresas acaban reflejando el carácter de quien las funda. Esa convicción explica tanto la solidez de la marca que ha construido como su reciente expansión hacia una región como Dubái, donde desde 2025 traslada toda su experiencia adquirida en Europa a un mercado que exige visión estratégica y rigor profesional.

Pero más allá de los números y de las operaciones, lo que más me ha interesado del perfil de Patricia es que entiende el lujo residencial como un territorio profundamente humano. Para ella, una propiedad no es solo un activo, sino un espacio cargado de memoria, sensaciones y vínculos de carácter personal. “Las operaciones se cierran muchas veces sentados en el sofá de una casa, hablando de vida, no en un despacho”, resume. Su manera de trabajar parte de la escucha, de sentarse con calma, de comprender el porqué de cada decisión y de adaptar todo el proceso a la persona que tiene delante. Y es que sin duda su defensa del servicio a medida revela una idea muy precisa de lo que significa el lujo contemporáneo. Me refiero a aquella que concibe el hogar como el lugar donde uno baja la guardia, recupera el equilibrio y se reconcilia consigo mismo. Es desde esa comprensión íntima del espacio y de las personas desde donde Patricia Berrocal ha construido una forma de ejercer una profesión tan exigente como profundamente apasionante.
Pregunta.- Patricia ¿Recuerdas el momento en que decidiste emprender y crear ChicRoom Properties ¿Qué intuición o visión te impulsó a hacerlo?
Respuesta.- No fue un solo momento ni un chispazo concreto. Desde niña he sido muy inquieta: viajar, conocer países, culturas y formas distintas de vivir siempre ha sido una de mis grandes motivaciones. Viajando aprendes a observar y a detectar necesidades, y así, casi sin darme cuenta, nació ChicRoom.
La idea inicial no era crear una inmobiliaria, sino crear espacios con alma, únicos y llenos de personalidad, para personas que venían a Barcelona y querían sentirse realmente como en casa. Empecé decorando cinco apartamentos en un edificio histórico con vistas a la Sagrada Familia, mucho antes de que existieran Airbnb o Booking. De cinco pasamos a diez, y de diez a todo el edificio. Fue, sin duda, un gran inicio.
A partir de ahí comenzaron a contactarme otros propietarios que me ofrecían sus propiedades, y ChicRoom fue creciendo de forma orgánica. Siempre hablo en plural aunque durante casi un año y medio hice absolutamente todo sola hasta que pude empezar a formar equipo.
P.- Cuando observas la evolución de la firma ¿Qué principios o valores dirías que han sido el hilo conductor de tu trayectoria?
R.- La coherencia y la honestidad han sido siempre el hilo conductor. Para mí, hacer las cosas bien es más importante que hacer muchas cosas o generar más ingresos. Siempre he creído que las empresas se parecen mucho a quienes las fundan, y desde el inicio quise que ChicRoom me representara de verdad.
He preferido perder una operación antes que forzar algo que no encajaba.
No concibo el crecimiento si no es en todos los ámbitos de la vida. Me considero una persona justa, persistente y con una gran ambición por seguir aprendiendo cada día.
Me he equivocado muchas veces pero con el tiempo he entendido que cada error me ha hecho crecer, tanto a nivel personal como profesional. No concibo el crecimiento si no es en todos los ámbitos de la vida. Me considero una persona justa, persistente y con una gran ambición por seguir aprendiendo cada día. Eso es lo que me mantiene con los pies en la tierra. Lucho cada operación y cada proyecto pero también sé cuando debo retirarme de una guerra en la que puedo llegar a perder esa paz mental que forma parte esencial de mi manera de trabajar y de vivir.
P.- El mercado inmobiliario de lujo suele asociarse con cifras y exclusividad, pero tú hablas con frecuencia de emociones y vínculos. ¿Qué papel juegan las emociones en la compraventa de una vivienda excepcional?
R.- Creo que las emociones juegan un papel fundamental. Hay una parte racional importante como tú dices asociada con cifras y exclusividad pero las sensaciones de un cliente cuando visita una propiedad son casi el punto mas fuerte para cerrar una operación. Todos tenemos vínculos con lugares, familia, olores, sensaciones que queremos recrear o volver a sentir y las propiedades además son hogar. He cerrado operaciones sentada en el sofá de esa casa con unas vistas espectaculares hablando de situaciones pasadas bonitas y tomando un café más que en la oficina.
P.- También sueles hablar del servicio a medida ¿Qué significa para ti ofrecer una experiencia realmente personalizada en un sector tan competitivo?
R.- Significa escuchar antes de hablar, sentarse y tomar un café con calma con el cliente, entender realmente por qué compra y qué necesita y mostrar solamente lo que responde a su necesidad adaptándome a su ritmo y a su lenguaje. Cada persona somos un mundo y no se puede tratar a cada uno igual, somos y tenemos distintas necesidades. Creo que ahí está la gran diferencia.
Puede cambiar el país, el presupuesto o el tipo de propiedad, pero hay una constante y es la necesidad de equilibrio entre bienestar personal, protección del capital y proyección de futuro.
P.- Según tu experiencia ¿Cómo ha cambiado el perfil del comprador de lujo en Barcelona en los últimos años?
R.- Ha cambiado mucho. Antes el foco estaba más en la ubicación y el estatus; hoy pesa más la calidad de vida, la luz, los espacios exteriores, la privacidad y la eficiencia.
El comprador actual sabe muy bien lo que quiere, está más informado, es más exigente y menos impulsivo. Busca coherencia entre lo que compra y cómo vive. Y eso obliga al sector a elevar el nivel. Últimamente me he encontrado con clientes que teniendo un presupuesto de 2 millones de euros quieren solo una propiedad en el barrio gótico de Barcelona porque a pesar de que sus amigos se lo desaconsejan ellos consideran que se asocia más a su estilo de vida en Nueva York o Londres.

P.- Estás ahora inmersa en la expansión de ChicRoom Properties hacia Dubái ¿Qué te atrajo de ese mercado y cómo estás abordando el desafío?
R.- Dubái me atrajo por su dinamismo, su visión a largo plazo y, sobre todo, por su seguridad jurídica. Es un mercado que se mueve muy rápido, pero con reglas claras, y eso es algo que me gusta mucho y me da una gran seguridad para poder avanzar.
El gran reto ha sido comunicar a mis clientes cómo es Dubái en realidad porque la visión desde fuera suele ser muy distinta y, al mismo tiempo, trasladar allí la esencia de ChicRoom: la cercanía, el criterio y las relaciones a largo plazo. No quiero vender Dubai, quiero acompañar a las personas que sienten que Dubai puede encajar en su momento vital o como inversores.

P.- ¿Qué te ha sorprendido más del perfil del inversor en Dubái? ¿Qué diferencias ves respecto al inversor europeo?
R.- La diferencia más clara es la mentalidad. En Dubái el inversor suele moverse con una visión más orientada al crecimiento y a detectar oportunidades; en Europa, en cambio, pesa más la búsqueda de estabilidad y protección del capital. Ninguno es mejor que otro y ambos en realidad se complementan diversificando su patrimonio. El verdadero valor está en acompañar a cada perfil para que invierta donde realmente tenga sentido para él, hoy y a largo plazo.
Dubái me atrajo por su dinamismo, su visión a largo plazo y, sobre todo, por su seguridad jurídica. Es un mercado que se mueve muy rápido, pero con reglas claras.
P.- Dubái ha hecho del lujo una seña de identidad ¿Cómo entiendes tú el lujo cuando lo comparas con Barcelona?
R.- Para mí, el lujo en Barcelona es tiempo, calma y autenticidad. En Dubái es eficiencia, servicio y visión. Para mi es un lujo poder caminar a cualquier hora por Dubai sabiendo que existe una seguridad que por ejemplo no hay ahora mismo en ciudades como Barcelona pero a la vez también es un lujo seguir descubriendo lugares con naturaleza propia como la Costa Brava, poder esquiar a menos de 2 horas y comerme un cocido o una escudella por poco dinero.

P.- En tus conversaciones con clientes ¿Qué detectas como una constante en quienes buscan una vivienda de alto nivel?
R.- Puede cambiar el país, el presupuesto o el tipo de propiedad, pero hay una constante y es la necesidad de equilibrio entre bienestar personal, protección del capital y proyección de futuro. Al final, más que una vivienda o una inversión, buscan una decisión que les permita vivir o invertir con tranquilidad y convicción.
P.- El lujo actual parece menos ostentoso y más ligado al bienestar y la autenticidad ¿Compartes esa visión?
R.- Totalmente. Hoy en día el lujo ha dejado de ser una demostración externa de poder o riqueza y se ha vuelto mucho más discreto e introspectivo. Lo que buscan los clientes son espacios que reflejen su personalidad, su estilo de vida e incluso su legado y su historia. Por ello pienso que cada propiedad se convierte en una especie de refugio, en un lugar más personal y con mucho más carácter.
Para mi Hogar es el lugar donde bajas la guardia y recuperas el equilibrio.

P.- Si tuvieras que describir con una sola frase qué significa hogar para ti ¿Cuál sería?
R.- Para mi Hogar es el lugar donde bajas la guardia y recuperas el equilibrio.
P.- Para finalizar, cuando piensas en el futuro del lujo residencial ¿Qué tendencia visualizas?
R.- Veo un lujo más consciente, más flexible y más humano. Menos posesión y más experiencia.
El deseo de vivir se moverá hacia lugares que ofrezcan seguridad, calidad de vida y propósito, no solo prestigio.







