Relojes y Joyas

Audemars Piguet rescata el espíritu del établissage con tres creaciones únicas

En La Vallée de Joux, hace tres siglos, los granjeros convertían sus granjas en talleres durante el invierno y los relojes nacían de la suma de muchas manos expertas. Audemars Piguet acaba de recuperar ese modelo con el Atelier des Établisseurs, un proyecto que reúne a artesanos de múltiples disciplinas para crear, en cantidades mínimas, algunas de las piezas más singulares de la alta relojería contemporánea.

Hay ideas que no mueren, simplemente esperan el momento adecuado para volver. El établissage —ese sistema de producción artesanal que emergió en La Vallée de Joux a finales del siglo XVIII, donde los granjeros convertían sus granjas en talleres especializados durante los largos inviernos alpinos— es precisamente una de ellas. Audemars Piguet, que nació directamente de esa tradición colaborativa, acaba de darle una nueva vida con el lanzamiento del Atelier des Établisseurs, presentado en Watches and Wonders Geneva 2026 y concebido como un espacio permanente donde la artesanía más singular dialoga con la tecnología contemporánea para producir relojes en cantidades verdaderamente excepcionales.

Un modelo de tres siglos que explica por qué Audemars Piguet existe

Para comprender el alcance de esta iniciativa hay que volver al origen. En el valle donde nació la alta relojería suiza, cada artesano dominaba una sola especialidad: tornillos, ruedas, puentes, cajas. Un établisseur era quien coordinaba a todos esos maestros independientes, recogía sus piezas y ensamblaba el reloj final. Era un modelo descentralizado, profundamente humano, donde la excelencia colectiva superaba lo que cualquier individuo podría alcanzar en solitario.

Audemars Piguet fue, en sus primeras décadas, precisamente eso: un établisseur. Con el tiempo, la manufactura fue integrando especialidades, creciendo en capacidad técnica y expandiendo sus fronteras creativas. Pero nunca abandonó del todo aquel espíritu. El Atelier des Établisseurs no es nostalgia; es la decisión consciente de recuperar una forma de trabajar que la industrialización dejó atrás, precisamente porque hay cosas que esa forma de trabajar produce y que ninguna línea de producción podrá replicar jamás.

El Atelier opera desde la casa histórica de la marca en Le Brassus, integrado en el Musée Atelier Audemars Piguet, y reúne a artesanos de dentro y fuera de la manufactura: grabadores, esmaltadores, lapidarios, esqueletadores, engastadores, diseñadores e ingenieros. Oficios que en algunos casos se transmiten oralmente de generación en generación y que, sin proyectos como este, corren el riesgo de desaparecer.

Tres relojes, tres filosofías, un mismo origen

Para el lanzamiento del proyecto, Audemars Piguet presenta tres creaciones que ilustran la amplitud estética y técnica de lo que el Atelier es capaz de producir. Cada una parte de un concepto radicalmente distinto, pero las tres comparten el mismo ADN: técnica extrema, materiales excepcionales y una artesanía que no puede ser automatizada.

Établisseurs Galets es el más íntimo de los tres, casi un poema dedicado al propio valle. Su esfera oval de piedra natural evoca los guijarros pulidos por las aguas del lago de Joux, y los eslabones de la pulsera —cada uno con su propia silueta, conectados por pequeñas juntas esféricas de oro amarillo de 18 quilates— reproducen ese movimiento fluido de las piedras en el agua. Sin índices en la esfera, toda la atención recae sobre la piedra y sobre las agujas tipo bastón en oro amarillo. Su calibre, el 3098, deriva directamente del primer movimiento desarrollado internamente por Audemars Piguet en 1999, adaptado aquí a la silueta del guijarro y decorado con puentes graneados a mano. Un solo relojero ensambla, ajusta y encaja cada pieza, recuperando el principio fundacional del établissage. A lo largo de 2026 se presentarán cinco variaciones con distintas combinaciones de piedras.

Établisseurs Nomade rinde tributo a otra categoría histórica: el reloj diseñado para la vida en movimiento. Puede llevarse en el bolsillo, en la muñeca o colocarse sobre una mesa como reloj de sobremesa, funcionando en tres posiciones distintas. Su arquitectura combina metal facetado —titanio u oro— con piedras naturales trabajadas a mano por un lapidario que las sierra, afina y pule hasta lograr la forma exacta requerida. El protagonista técnico es el calibre 7501, basado en el extraplano 7121 lanzado en 2022 y esqueletado a mano con una sierra tradicional. El resultado es un movimiento que juega con la transparencia y la simetría, donde los puentes actúan como índices horarios. Este tipo de esqueletado manual, que exige dominar los ángulos pulidos a mano, es una habilidad preservada en Audemars Piguet desde la década de 1930 y dominada por muy pocos relojeros en el mundo. Cinco variaciones a lo largo de 2026.

Établisseurs Peacock es, sin duda, la pieza más espectacular del trío. Se presenta cerrada como un escarabajo de oro blanco finamente grabado; con una simple presión, se despliegan alas y cabeza para revelar un pavo real en miniatura elaborado íntegramente a mano. Entre las alas, una esfera de esmalte traslúcido grabado a mano representa la cola del animal. Los ojos del pavo real están engastados con gemas de colores. El brazalete de oro blanco flexible está compuesto por decenas de eslabones en forma de pluma, ahuecados y grabados uno a uno. En esta creación han trabajado conjuntamente joyeros, esmaltadores, grabadores y relojeros, convirtiendo cada pieza en una obra de colaboración artesanal difícilmente igualable. Tres variaciones se presentarán a lo largo de 2027.

Lo que el Atelier des Établisseurs revela sobre el futuro del lujo relojero

La industria relojera lleva años debatiendo cómo preservar los oficios artesanales en un entorno de producción creciente. La respuesta habitual ha sido la museificación: documentar, exhibir, conmemorar. Audemars Piguet propone algo diferente: mantener esos oficios vivos y productivos, integrados en piezas que llegan efectivamente a manos de coleccionistas, no solo a vitrinas de exposición.

El Atelier des Établisseurs es, en ese sentido, una declaración estratégica tan relevante como estética. En un segmento donde la autenticidad es el valor supremo y donde la diferenciación entre marcas se juega en décimas de milímetro y en capas de significado cultural, recuperar un sistema de producción que precede a la industrialización no es un ejercicio romántico: es una ventaja competitiva real, y una que muy pocas manufacturas del mundo pueden articular con esta profundidad histórica.



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