Moda y Complementos

¿Realmente sabemos cuánto plástico hay en nuestra ropa?

El plástico se introdujo en la industria de la moda para alimentar una tendencia en el diseño pero, sobre todo, para incrementar la producción de ropa a gran escala y bajar los precios.

Puntos destacados de la historia
  • El plástico más utilizado en la ropa es el tereftalato de polietileno (PET)
  • No sólo encontramos plástico en las propias prendas sino también en sus complementos, como botones, hilos y etiquetas.
  • Sólo en Madrid se han detectado un billón de partículas de micro plástico en la atmósfera, de las cuales más del 60% son fibras de poliéster y poliamida, un producto utilizado para la fabricación del nailon.

En sus aproximadamente 80 años de historia, el plástico ha irrumpido en nuestras vidas llegándose a producir más de 91.000 millones de toneladas de las que tan sólo hemos reciclado el 10%. Este material lo encontramos en prácticamente todos los bienes que consumimos desde bolsas, envases, botellas y un sinfín de ámbitos entre los que por supuesto se encuentra la moda. 

El plástico se introdujo en la industria de la moda en la década de los años 1950 cuando una empresa química denominada Dupont incorporó el poliéster en las prendas. A partir de entonces, su utilización no ha dejado de crecer hasta alcanzar cotas que superaron al uso del algodón como material para fabricar buena parte de la ropa a gran escala. 

En aquella época no se era consciente de la repercusión que la introducción del plástico a gran escala en el ámbito de la moda iba a tener sobre el medio ambiente pero ahora que contamos con una mayor información es hora de ponerse manos a la obra para tratar de reducir su consumo de un modo drástico si queremos apostar realmente por la sostenibilidad. 

El plástico más utilizado en la ropa es el tereftalato de polietileno (PET), y se elabora a partir de petróleo crudo. Mezclado con algodón se suelen elaborar telas de carácter mixto como el poli algodón. 

Si revisamos las etiquetas de las prendas que vamos a adquirir o que ya forman parte de nuestro atuendo habitual, descubriremos que no es tan fácil escapar a la utilización de plástico en la ropa por lo que necesitamos diseñar una buena estrategia si queremos reducir su consumo para evitar todos los residuos no biodegradables que genera este material tan perjudicial para el medio ambiente. 

¿Por qué tiene tanto éxito el plástico en la ropa? 

Las ventajas que incorporó el plástico desde su introducción en el ámbito de la moda hicieron que rápidamente se adoptara como un verdadero estándar dentro de la industria ya que, entre otras cosas, el plástico ha aportado beneficios como: 

  • Las prendas fabricadas con poliéster son mucho más fáciles de planchar. 
  • La ligereza y comodidad de la ropa hecha a partir de plástico es evidente en telas como el vellón, utilizada en mantas, albornoces o chaquetas. Incluso el plástico se utiliza para la elaboración de prendas deportivas. 
  • El plástico aporta elasticidad a la ropa muy utilizado, por ejemplo, en las prendas vaqueras. 
  • Por último, nos encontramos con el componente precio, un elemento que sin duda establece la diferencia entre las prendas elaboradas con plástico, mucho más económicas, que las elaboradas a partir de otro tipo de componentes mucho más naturales y sostenibles. Comparemos la diferencia de precio entre un jersey acrílico y uno elaborado a partir de lana, o incluso una bufanda de poliéster con una de seda. 

Otra de las razones por las que el plástico se ha introducido tanto en el sector de la moda es porque proporciona una capacidad cuasi infinita para la producción a precios bajos y eso para las empresas que operan dentro del ámbito del “fast fashion” es una verdadera tentación a la que resulta difícil resistirse. Ya sabemos que la máxima de este tipo de filosofía es generar grandes cantidades de productos, invadir las estanterías de ropa y vender a grandes volúmenes sin importar los recursos que se consuman en el camino y los residuos que se generan tras la venta y utilización de unas prendas cuya vida útil es muy reducida. 

En cambio, fibras naturales como el algodón o la lana tienen una capacidad de producción finita, algo que en la actualidad las personas exigentes valoramos especialmente debido a su menor impacto sobre el entorno y sobre la cadena de valor que incorpora la producción de ropa. 

 ¿Por qué es tan perjudicial el plástico en la ropa? 

Foto de Artem Beliaikin en Pexels

En primer lugar, porque sin ser conscientes de ello, nuestras prendas arrojan pequeñas microfibras que se mezclan con el aire que respiramos con el consiguiente perjuicio para nuestra salud que esta circunstancia provoca. De hecho, un estudio elaborado por Roberto Rosal García, catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Alcalá de Henares, ha concluido que sólo en Madrid se han detectado un billón de partículas de micro plástico en la atmósfera, de las cuales más del 60% son fibras de poliéster y poliamida, un producto utilizado para la fabricación del nailon. 

En segundo lugar, esas microfibras que se desprenden de la ropa elaborada con plástico también acaban por el desagüe de nuestras lavadoras llegando finalmente al mar con el efecto contaminación que esto provoca e incluso alcanzan a nuestra cadena alimentaria a través del pescado que consumimos. 

Por último, el plástico no es biodegradable por lo que a menos que se recicle estará con nosotros para siempre desperdigado por basureros y por supuesto, por todo el entorno y medio ambiente. 

Por otra parte, y en relación al posible reciclado del plástico, cabe mencionar que no siempre es efectivo ya que sólo se pueden reciclar los plásticos puros, pero por lo que respecta a los tejidos y a las prendas en general representa un verdadero desafío. Empresas como Worn Again, ubicada en Reino Unido están trabajando para separar los tejidos mixtos (como el poli algodón), en un proceso que desde luego no resulta barato y que además no se puede aplicar a los tejidos de baja calidad. 

Otro aspecto que debemos tener en cuenta es que no sólo encontramos plástico en las propias prendas sino también en sus complementos, como botones, hilos y las propias etiquetas. 

Entonces ¿Nos deshacemos del plástico y acabamos con el problema? 

Desgraciadamente no es tan sencillo porque si analizamos posibles alternativas como la producción de algodón convencional (no orgánico), observamos que se requiere de grandes cantidades de agua para poder generar cantidad suficiente para satisfacer la demanda del mercado. 

Los cultivos de algodón de secano, como los que se producen en África o la India (algodón de Kala), son quizá una solución mucho más eficiente para este problema ya que requieren de un menor consumo de agua y, por tanto, adquieren un protagonismo especial si lo que buscamos son alternativas al consumo desmesurado de plástico en las prendas que utilizamos. 

El algodón orgánico representa grandes beneficios para construir un mundo mucho más sostenible ya que se emplean métodos que permiten convertir fibras en tela con un impacto reducido sobre la huella de carbono y, por supuesto, el consumo de agua.  

Otra ventaja del algodón (orgánico), es que es biodegradable, eso sí, necesita de ciertos elementos para biodegradarse de un modo eficiente, elementos como la luz, el aire o el tiempo. Con respecto al algodón no orgánico cabe destacar que también se biodegradará en sus componentes, pero eso incluyen pesticidas y productos químicos utilizados en su producción con lo que puede filtrarse en el suelo o incluso afectar a la vida silvestre del área en la que se encuentre el residuo.  

En definitiva, un problema, el de la utilización a gran escala del plástico en la ropa, al que no es fácil encontrar una solución realmente eficiente, pero para lo que quizá merezca la pena analizar las alternativas que en forma de iniciativas personales y colectivas podamos poner en marcha para paliar los efectos negativos que arroja sobre el planeta y quienes habitamos en él.  

Juan Carlos Navarro

Fundador de la agencia de marketing MarketinLife lleva 10 años proporcionando servicios de consultoría tanto a nivel nacional como internacional. Interesado siempre en el intercambio de bienes y servicios de alto valor añadido, acumula más de 20 años de experiencia en el sector de Nuevas Tecnologías trabajando con grandes empresas y marcas ayudando en sus procesos de transformación digital.
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