Medio Ambiente

¿Es la permacultura la solución a la crisis medioambiental?

Buena parte de los problemas de carácter medioambiental que padecemos se debe a la sobreexplotación de cultivos, así como la utilización masiva de productos químicos y fertilizantes sintéticos en la agricultura industrial.

El enorme impacto de la agricultura moderna en el entorno.

Algunos estudios afirman que la agricultura es responsable de una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero, así como de la pérdida de biodiversidad. La explotación extensiva de superficies de cultivo convierte tierras vírgenes en espacios donde no hay cabida para especies animales. Incluso el uso intensivo e indiscriminado de pesticidas también acaba con especies autóctonas que son fundamentales para el desempeño de los ciclos naturales de la vida, como es el caso, por ejemplo, de las abejas.

Estos gases de efecto invernadero se deben principalmente al uso de fertilizantes sintéticos, a la propia maquinaria industrial, a la degradación del suelo y a la ganadería.

Por otra parte, la materia que conforma el suelo es un indicador de su fertilidad y calidad. La utilización de pesticidas y otros modos de trabajar la tierra hace que la materia del suelo se reduzca considerablemente, lo que conlleva una pérdida de rendimiento de los productos.

El riego excesivo es otro de los aspectos que tiene un gran impacto en la salud de las personas y en el medio ambiente ya que en las zonas donde se da esta circunstancia se alcanza un nivel de salinización del agua muy significativo.

Elementos utilizados en agricultura para el crecimiento de las plantas como el fósforo o el nitrógeno también tienen su repercusión en el entorno. El exceso de nitrógeno da lugar a procesos que conducen a la contaminación del agua potable. El fósforo en la agricultura se utiliza a partir de roca de fosfato extraída como fertilizante. Con este proceso no sólo disminuye la calidad del fósforo sino que que se generan productos tóxicos que alteran el equilibrio de este elemento y que conducen a la contaminación química.

Todos estos métodos amenazan los sistemas que se utilizan para producir alimentos, una forma de entender la agricultura que puede llevar al colapso ecológico.

Sin embargo, esta situación no es irreversible y existe una metodología capaz de proporcionar un equilibrio a la producción agrícola global: La permacultura.

¿Qué es la permacultura?

La permacultura tiene su origen en Australia, y pretende combinar una larga tradición de prácticas de las culturas indígenas de todo el mundo con la ecología occidental.

Esta metodología tiene un principio básico que se centra en el cuidado de la tierra. En lugar de adaptar la tierra al modo de producción del ser humano, es el propio ser humano quien se encarga de optimizar su explotación con menor trabajo. Es decir, en lugar de ir en contra de la propia naturaleza, como hace la agricultura tradicional, los productores se adaptan al medio centrando sus esfuerzos en la sostenibilidad.

La permacultura presenta una visión estratégica de cómo deben estructurarse las granjas, cómo deben gestionarse los desechos e incluso cómo optimizar el riego. Su objetivo es observar, analizar cada entorno y adaptar la producción de modo que sea eficiente, sostenible y respetuosa con el medio ambiente.

Esta metodología se toma su tiempo para determinar qué funciona y donde, y cómo adaptarlo para que satisfaga las exigencias de las variedades que se desea cultivar.

Todo esta búsqueda del equilibrio medioambiental hace que la metodología de cultivo no sea la misma y tenga que adaptarse a la zona geográfica y al tipo de producto más adecuada para cada zona.

¿Qué beneficios aporta la permacultura?

Una de las ventajas más importantes de la permacultura es que se trata de una metodología que puede aplicarse en cualquier lugar. Prácticamente en cualquier región del mundo pueden diseñarse una serie de micro y macro climas que promuevan la biodiversidad, la salud del suelo y otras tareas que generan un impacto positivo en la zona.

Por ejemplo, si tu macroclima es el desierto, puedes crearte un microclima propio en tu jardín que te proporcione sombra, humedad e incluso viento.

Otra de las ventajas de la permacultura es que no requiere de una gran dedicación. De hecho, el fundador de este movimiento, Bill Mollison, ha afirmado en más de una ocasión que basta con que unos jardineros dediquen unos minutos a la semana para lograr resultados asombrosos.

Al ser un sistema cerrado, la permacultura satisface sus propias necesidades a través del fenómeno circular que caracteriza el reciclado en la naturaleza. Esto además mejora la salud del suelo debido a la biomasa y al incremento de alimentos para los microbios. Y a medida que mejora la salud del suelo, el producto se vuelve más rico en nutrientes lo que también mejora el ecosistema y la salud de las plantas.

Así que gracias al reciclaje y la reutilización los agricultores reducen los desechos creando un impacto positivo en el medio ambiente. Recordemos que en la naturaleza no hay desperdicio y, por tanto, tampoco en la permacultura.

Pero uno de los beneficios más significativos que proporciona la permacultura es que las tierras cultivadas con este método son más resitentes a los desastres medioambientales debido principalmente a la fortaleza de la estructura de la materia orgánica del suelo. De media, los agricultores que optan por esta metodología sufren un 20% menos de pérdidas en comparación con el 50% habitual.



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Redacción

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